Pero hay alcohol,
cigarro, televisión, deportes, sexo, nos reventamos en ellas y la angustia
disminuye al menos temporalmente, hasta que el próximo darse cuenta que mi vida
se está escurriendo entre grandes surcos
del tiempo y yo, solo estoy flotando, sin sentido, sin propósito, trabajando
pero perdiendo el tiempo.
Si esto te suena
familiar, entonces, no estas floreciendo.
Florecer es muy simple,
es el destino del alma humana, tus dones y pasiones son la semilla y tus brazos
las ramas que contienen los botones que harán tus milagros florecer y perfumar
el mundo, ya sea como pintor o cantante, como arquitecto o vendedor de joyería,
quizá preparando los platillos más exquisitos o escribiendo un libro cómico.
Cualquiera que sea tu pasión,
es tu camino, es tu don, tu regalo, tu semilla, tu destino, obviamente tus
Padres tendrán miedo de tu camino, pues seguramente estará lejos del suyo y tus
pasos te guiaran más allá de donde sus ojos podrán cuidarte, advertirte.
A veces el destino no
puede ser encajuelado en una carrera de psicología o una licenciatura de administración,
la vida es demasiado grande para dedicarse a una sola cosa, asimismo tus dones
no estarán limitados a uno o dos, serán cientos, como Da Vinci, el gran triunfo
de la humanidad.
Si quieres ser feliz,
tienes la obligación de ser el genio de tu historia, el creador de tus paisajes
y poemas, haz de cada sueno una novela y de cada aprendizaje un legado de
libertad, así, la náusea no será de encierro sino de emoción, frente a las
multitudes o los alumnos, bajo el mar cazando sueños o en el cielo volando
entre las nubes, serás libre, multifacético, único e inolvidable.
Pablo Chiw