Cuidando al niño Interior


Hace unos días me vi atacado verbalmente por un hombre de 60 años, no tiene estudios y se dedica a descargar mercancía de un camión, el hombre comenzó a compartirme su molestia por el perdón hacia los pecadores, “Yo soy un hombre muy, muy católico Pablo, pero no estoy de acuerdo que un ladrón vaya a estar conmigo en el cielo”, basado en la parte lógica le comenté que me resultaba contradictorio su posición de hombre muy católico y sus ideales de tortura y castigo hacia los criminales, sobre todo por ser la religión católica basada en el amor y el perdón.

El comentario no le cayó bien en lo más mínimo y al no encontrar argumentos lógicos para responder comenzó con el ataque: “¿Quién eres tu para decirme que es lo que debo de creer?”, “Yo nunca he estudiado psicología pero te aseguro que yo sé más de psicología que tu”, “Debes de aprender a respetar a las personas mayores, porque somos más sabias”, “¿Cuántos años tienes estudiando psicología?... 7 años “Pues yo tengo 60 años estudiando la psicología de la vida”, y continuó con este tipo de declaraciones.

Yo estaba más que molesto, si no fuera por su edad hubiese golpeado su feo rostro un par de ocasiones, sin embargo me contuve, mentalmente me repetía, “calma, calma”, yo estaba conciente que sus palabras venían desde la ignorancia y el ego y no tenía nada que ver conmigo, pero sus comentarios devaluativos sin duda me dolieron.

Dejé la conversación y el continuó chillando sus argumentos, fui a mi habitación y comencé a reflexionar lo que había sucedido, mi estomago sentía una nausea profunda y necesidad de vomitar, yo sabía que tenía la razón y lo que él había hecho era una falta de respeto hacia mi persona, pero ¿Cómo podría defenderme de este tipo de ataques, frente a personas que no tienen intención de escuchar ni una sola palabra de lo que tu dices y están enfocados a humillarte para lograr un triunfo de su ego vanidoso y enfermo? ¿Insultándolo?, ¿Golpeándolo?, al parecer la única opción que tenemos frente a estas personas es la retirada.

Bueno, ¿Y que pasa con aquellos que no pueden retirarse?, me refiero a los niños, que tienen que vivir en un hogar donde los padres los devalúan constantemente, donde los niños por ser niños no tienen derecho de expresar sus sentimientos, sus argumentos, sus emociones, ¿Qué pasa con estos niños que se retiran y sus padres los siguen hasta hacerles quedar muy claro que no tienen valor?

De padres autoritarios tenemos los trastornos alimenticios como la bulimia y la anorexia, después de la pelea con ese hombre yo sentí una rabia inmensa y un profundo asco, ganas de vomitar, era precisamente la única forma que en ese momento veía posible para regresar toda la agresión que este hombre injustamente me había depositado, imagínate que después de estudiar una carrera y recibir una mención honorífica, de estudiar dos posgrados en países distintos, de hablar 4 idiomas, de ser padre de familia y terapeuta, aún y todo esto,… Me sentí pequeño e indefenso frente a la devaluación y agresión verbal de ese imbecil, obviamente inició mi dialogo interno y auto observación y me di cuenta que sufrí una regresión a mis estados infantiles donde precisamente no tenía derecho de expresarme y debía respetar los argumentos muy Ilógicos de los mayores y si no lo hacía recibir una paliza, finalmente me di a mi mismo el permiso de expresarme, me reafirme mi derecho a ser respetado desde mi integridad y también me di la razón en la discusión, en resumen YO me Validé, me dí el permiso de ser yo mismo y aceptar mi punto de vista como valido, sin tener porque darle la razón a quien no la tiene.

A todos los jóvenes y adultos que me leen, los invito a validarse, a darse valor de si mismos, de respetarse y de no aceptar argumentos, ideas o mandatos de otras personas solo porque sean mayores ó más agresivos, tu punto de vista es valioso e importante y aunque el medio no sea el más sano, estoy seguro que hay mucha salud en tu corazón, cuidemos a nuestros niños, démosle la oportunidad de expresarse desde esta validación y también cuidemos de nuestro niño interior.

Pablo Chiw