El Diario

La idea es muy simple, tomas una libreta, de preferencia bonita o especial, quizá única o hecha a mano, luego escribes en ella los eventos más importantes del día, tus reacciones, emociones, sentimientos, pensamientos, etc.

Pero hay un secreto, nadie puede leer tus escritos, es en realidad imperdonable hacerlo, una traición a la construcción básica de la confianza, sólo tu tendrás acceso a esas lineas del pasado y en ellas irás descubriendo al ser que fuiste y su evolución o involución.


Así lo hice, comencé a escribir, de los eventos cotidianos recataba asombrosas conclusiones y recomendaciones, cada una de ellas impregnadas en una sutil sabiduría, absolutamente dignas de ser leídas por mis hijos y los hijos de mis hijos.

El problema surgió muy pronto, cuando la idea de heredar mi diario se volvió más realista, fue evidente que lo escrito reflejaba exclusivamente mi rostro amable, aquella imagen casi fantástica de mí mismo, aquel hombre que no existe en la realidad sino en mi imaginación.

Que fiasco, escribir desde lo moralmente correcto me mutila, engaña al lector, en este caso a mi mismo, esconde mis errores, manías y perversiones, ahora, mostrarme de cuerpo entero, sin verdades a medias desde lo bueno y lo monstruoso de mi comportamiento es simplemente aterrador.

Llegué a una conclusión, escribiré lo que soy sin miramientos, aceptaré la presencia de mis demonios con tinta negra, diré lo que siento cuando lo siento desde la ira o el deseo, narraré mis actuares y mis sinvergüenzadas, pero no te confundas, mis hijos jamás encontrarán mi diario.

¿Por qué?

Es muy sencillo, ¿Qué pensarán mis hijos, si se dan cuenta que ese hombre al que llamaron Papi también era un ser que amaneció más de una vez con la vergüenza de la reseca y la billetera vacía, que manejó un auto a más de 160 km/hr con sus amigos, que sueña con mujeres distintas cada mañana?

¿En donde quedaría mi autoridad moral al decirles !no tomes!, !no juegues carreras!, !se fiel!?

Al mismo tiempo, cuando ellos se equivoquen, cuando se abracen de la sombra de la desgracia y sientan no merecer ser amados, sabrán que su Padre el que tanto les amó, también camino por el callejón de las perversiones y los vulgares y aun así, forjó un destino, una vida que le hizo feliz

¿Será acaso que nos falta la otra verdad de nuestros Padres?, aquella parte que nos ayuda a entender las fuerzas que condujeron el destino familiar, esa claridad que solo la verdad nos ofrece, esa oportunidad para entender desde la verdad la ley de la causa y la consecuencia.

Ni hablar, escribiré mi diario, desde la verdad y lo dejaré guardado donde nadie lo encuentre, hasta conseguir la fuerza de decirle al mundo !Este soy yo!